sábado, 14 de octubre de 2017

JUDAÍSMO. RECURSOS II.

LOS DOS REINOS: ISRAEL Y JUDÁ.

 

Tras la muerte de Salomón, en 931 a.e.c., el territorio se dividió entre sus dos hijos. Al sur estaba el reino de Judá en torno a Jerusalén, y al norte, el reino de Israel con capital en Samaria.
El reino del sur fue más estable, mientras que el del norte presentó mayores problemas de convivencia interna y con las naciones vecinas. En estos momentos surgió un fenómeno que se fortaleció a lo largo de los siglos: el profetismo.
Los profetas usaron la religión para dar una explicación del malestar y de los problemas. La causa para ellos era que el pueblo y sus dirigentes se habían apartado de Dios, y la solución estaba en volver al cumplimiento estricto de lo que Dios mandaba, según ellos lo interpretaban.
En 721 a.e.c. los asirios acabaron con el reino de Israel, y más de siglo y medio después, en 587 a.e.c., Jerusalén y el reino de Judá cayeron en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
El templo de Salomón fue destruido y su clase dirigente, deportada a Babilonia. Los profetas plantearon que los extranjeros habían sido un instrumento de Dios para castigar a los judíos por haberse apartado del buen camino. Cuando los babilonios fueron vencidos por Ciro, rey de Persia, en 539 y este permitió a los judíos reconstruir el templo y volver a Palestina, consideraron que se trataba de una nueva oportunidad para cumplir de forma más estricta lo que la religión mandaba.

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